Desde hace más de una década, Mauro Colagreco dejó de ser leído únicamente como un chef para convertirse en un caso de estudio del periodismo gastronómico internacional. Analizado por firmas como Pete Wells (The New York Times), Jay Rayner (The Observer), Andy Hayler, Richard Vines (Bloomberg) y Tim Hayward (Financial Times), su trabajo en Mirazur redefinió la alta cocina como un sistema donde paisaje, temporalidad y ética productiva funcionan como una unidad indivisible. Esa misma mirada aterriza ahora en José Ignacio, con Zodiaco by Mauro Colagreco, el pop-up que Bahía Vik presenta del 7 al 18 de enero de 2026, llevando su filosofía de gastronomía circular al Atlántico Sur.
Mauro Colagreco, el chef argentino que revolucionó la gastronomía mundial al obtener tres estrellas Michelin con su restaurante Mirazur en Francia —si está de regreso en la costa uruguaya con una propuesta culinaria única en Zodiaco, el restaurante de Bahía Vik en José Ignacio
El pop-up que Bahía Vik presenta del 7 al 18 de enero de 2026, no responde al formato tradicional de residencia gastronómica. No hay intención de reproducir Mirazur, ni de exportar una carta icónica. Lo que Colagreco propone es una lectura situada del lugar, un ejercicio de adaptación conceptual donde su filosofía de Circular Gastronomy se pone a prueba frente a un nuevo ecosistema: el Atlántico Sur, el viento, la salinidad, los productores uruguayos y el ritmo particular de José Ignacio.
En este sentido, Zodiaco funciona como lo que la revista Monocle suele definir como destination dining with meaning: experiencias efímeras que no buscan espectáculo, sino coherencia cultural. Y es justamente ahí donde esta colaboración con Vik José Ignacio cobra peso.
Gastronomía circular como sistema
La cocina de Colagreco parte de una premisa clara: la naturaleza no es un recurso, es un sistema vivo. En Zodiaco, esta idea se materializa en una propuesta que prioriza ingredientes frescos de mar y tierra, técnicas precisas pero no invasivas, y una estética donde la depuración es una decisión ética además de culinaria.
El menú dialoga entre el Mediterráneo conceptual del chef y el terroir atlántico uruguayo, integrando pescados locales, vegetales de estación y preparaciones que privilegian textura, pureza y equilibrio. También hay guiños a la Riviera francesa, pero siempre filtrados por el paisaje de José Ignacio: viento, salinidad, fuego y temporalidad.

Zodiaco no funciona como simple contenedor gastronómico. Su arquitectura abierta, el lounge extendido hacia el mar y la experiencia nocturna alrededor del fuego convierten al espacio en un actor activo del relato.
Aquí, la noción de lujo se aleja de la formalidad clásica y se acerca a una idea contemporánea: tiempo, silencio, coherencia. No hay coreografías impostadas ni gestos excesivos. Todo está pensado para que el comensal permanezca, observe y participe.
Entre los platos que propone aparecen los ñoquis de su madre, un recuerdo de su infancia en La Plata que no replica literalmente, sino que reinterpreta con su mirada contemporánea: mantiene la esencia golosa y confortable de esa receta familiar, pero la eleva con ingredientes como mejillones y una salsa de azafrán e hinojo que le aporta la sofisticación necesaria.
Para Colagreco, este regreso a sabores de la niñez no es un retroceso, sino una forma de conectar el oficio que lo llevó al más alto reconocimiento internacional.
La experiencia se completa con una selección de VIK Wines, cuya filosofía circular y enfoque sustentable dialogan de forma natural con la cocina de Colagreco. VIK, Milla Cala, La Piu Belle, La Piu Belle Rosé y STONEVIK, el primer vino natural de la bodega, no operan como un complemento, sino como una extensión conceptual del menú.

Hablar de Colagreco es hablar de un cocinero que entiende la gastronomía como una herramienta cultural. Su trabajo, que hoy se expande a más de 30 restaurantes en el mundo, mantiene una coherencia poco frecuente: una cocina guiada por el instinto, pero sostenida por una estructura filosófica clara.
Zodiaco by Mauro Colagreco no busca redefinir la temporada: la lleva a un grado superlativo
Es un ejercicio de precisión, lectura territorial y hospitalidad contemporánea que confirma que José Ignacio ya no es solo un destino aspiracional, sino un espacio gastronómico en constante evolución.
©Rey Rolex / Agradecimientos: VIK / Maru Alegra Comunicación
